El último viaje que he hecho ha sido en compañía de mi marido, y nos hemos ido a la República Dominicana, concretamente a Punta Cana.
Nuestra semana allí ha sido maravillosa. El hotel (Bahía Príncipe Bávaro) era precioso y enorme, pero no eran bloques altos de edificios, sino tipo urbanización con edificaciones en estilo colonial de tres pisos.
Y no todo fue estar en el hotel. A la mitad de la estancia nos fuimos de excursión. Nosotros estábamos al este de la isla, y nos fuimos al norte, a la península de Samaná, en avioneta. Cuando llegamos, tras media hora de vuelo, nos subimos a una camioneta, y nos llevaron por las aldeas, donde vimos la realidad del país: mucha pobreza, pero a la vez mucha alegría. Digo esto porque era chocante ver cómo la gente vivía en chabolas de chapa (muchas de ellas) pero sin embargo, de ellas salía música; el merengue y la bachata siempre está presente. Llevé caramelos y los niños venían como locos a por ellos.
Y de allí, nos llevaron a una demostración de los productos típicos: cacao, frutas tropicales, café... Nos estuvieron explicando muchas cosas por lo que fue muy interesante. Después nos fuimos a montar a caballo, y subimos hasta una cascada impresionante, la cascada del Limón. El paisaje era espectacular.
Luego, vuelta a la camioneta hasta el puerto, donde cogimos una lancha y nos fuimos hasta la isla Bacardi a disfrutar de la playa. Para terminar el día volvimos al aeropuerto, cogimos la avioneta y al hotel. Fue un día maravilloso, y nos encantó estar más en contacto con la gente porque son personas encantadoras, que por cierto, a lo largo de toda la semana nos trataron genial.
Y esta ha sido nuestra semana en Punta Cana. Una semana inolvidable que queremos volver a vivir.